sábado, septiembre 20, 2008

codicia




Fuerza insaciable ,
brutal ,
que levanta imperios
y ensancha los abismos .

Persigue el último estertor
hasta el confín del mundo.

No sabe de tristezas .

No se detendrá hasta arrancarnos
el último dolor , la última gota .

jueves, septiembre 11, 2008

unidad en ella



Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

Vicente Aleixandre, La destrucción o el amor (1934).

viernes, septiembre 05, 2008

desenterrar a los muertos




Se puede recorrer esa distancia: la que separa una tarde de septiembre de una noche de julio, la que separa el canto de los pájaros de la descarga disonante y brutal de los fusiles , la distancia que media entre una conversación desapasionada y melancólica de unos gritos furiosos, de unas súplicas desgarradas , de unos lamentos . Casi al alba un pelotón de miserables estampó su odio contra un muro de cal .

Se puede recorrer esa distancia , ya lo sé, pero ¿se debe hacer?. La verdad es que yo estaba en paz, bien muerto .Acomodados ya mis huesos y mis dientes a la humedad fértil de esta tierra. Mi lugar es el recodo , esta cuneta al borde mismo del camino , junto al pinar. Me acostumbré a la compañía de otros huesos sin nombre, rostros que fueron rostros para mí sólo esa noche .Me acostumbré al silencio .No más carreras ni gritos ni disparos .Casi nadie pasa por aquí. Se apagaron las voces hace tiempo . No más banderas ni consignas ni símbolos. Nada, setenta años ya.

Pero ahora alguien pensó : llevémosle la paz a nuestros muertos. Siempre hay gente bienintencionada que pretende hacer algo para mejorar el mundo o reparar la historia . Oigo como se acercan cada día , como golpean la tierra , como escarban a mi alrededor , como pronuncian mi nombre. Voces extrañas , voces que yo no reconozco.

Y en el fondo maldigo esa inquietud de los vivos, esa manía por remover las cosas. Sus palabras me han hecho recordar aquellos dias . Pienso en las cenizas mal apagadas . Pienso en una chispa que salta . Pienso en el fuego que lo devora todo.