lunes, julio 16, 2007

la checa





Hacia el final de su vida el hombre recuerda con total claridad aquellos días en los que él tendría once o doce años. Recuerdos de la ciudad sitiada durante tantos meses. Recuerda la carestía y el hambre y los juegos de pelota entre la chatarra y las balas perdidas . Recuerda el paso de los milicianos que se marchan al frente y las bombas que atronan y los tanques que se mueven a lo lejos y pueden verse desde la azotea de la casa . Recuerda las sacas y la bayoneta clavada en su puerta y la madre enfrentándose a aquellos desalmados . Recuerda el barrio señorial , en el centro , declarado zona abierta y segura, a salvo de los bombardeos enemigos. Más sobre todas las cosas, recuerda la iglesia que había enfrente de su casa y que en aquellos años fue convertida en checa . Como si sucediera ahora , se ve a sí mismo escondido , asomado al balcón con la luz apagada cuando el amanecer lo despertaba con los gritos aterradores de aquellos desgraciados que se resistian a subir al camión que los llevaría a una muerte cierta. Recuerda la mirada insolente de aquellos matones sentados a la puerta , incluso el mismo día en el que entraron en la ciudad las tropas vencedoras .

10 comentarios:

Margot dijo...

Qué coincidencia! recordar es un verbo que me gusta practicar...

Buen relato!! un beso, colombine memorioso

Bohemia dijo...

Las huellas que el tiempo no consigue borrar...

Therese Bovary dijo...

Genial, genial, genial!!!

Fortunata dijo...

Otra vez Hopper...los vacios, los silencios, los recuerso...la infancia perdida....

Besos para variar muy ruidosos

Ricardo J. Román dijo...

¡Qué olores a recuerdos tan agradables se ventilan desde acá!

Saludos!

lila dijo...

Impresionan esos recuerdos dramáticos en tan bella prosa.

Buenísimo como acostumbra, Colombine.

Abrazos.

mentecato dijo...

Y fue un beso de soltar sangre por las comisuras. Ambos tenían 12 años. Se sintió el silbido de la bomba. Y después el silencio envolvió como una mortaja la habitación.

Fue el primer beso de ambos. Y el último. Unas manos temblorosas los tiraron al pudridero.

Y ese día terminó la guerra. La inútil guerra...

nenika dijo...

Parece que tienes cierto miedo a envegecer...
Encontré tu blog buscando "Fotografías veladas por la lluvia" y ahora voy a darle un vistazo más profundo porque me tiene un poquito enganchada...
Besos

Fortunata dijo...

!!!!Silencio!!!
me gustan los silencios....aunque tenga nostalgia de tus palabras.

Pedro (Glup). dijo...

Recuerdos imperecederos.
(Me los han contado tantas veces que parece que me ocurrió a mi).
Ojalá nunca sean los nuestros.