lunes, marzo 05, 2007

poeta en nueva york




La aurora


La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean en las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

Federico García Lorca



a manolo ,
poeta herido en Nueva York,
con mi admiración y con mi aprecio.

6 comentarios:

lila dijo...

Está genial, qué feliz ha de sentirse Manolo al oír este poema, ahora que está tan lejos y aún enfermo.

Saludos.

Margot dijo...

Ufffff de los pocos libros que pediría que quemaran en mi pira!!!

(Manolo debe sentirse feliz, áun herido)

fortunata dijo...

Es increible la vigencia que siguen teniendo esos versos.....
Dedicados a Manolo herido en NY o por NY

Besos

D... dijo...

Volviendo,retomando,aunque nunca me fui del todo... y me encuentro con tantos cambios por estos lados... Y de a poco nos acercamos de nuevo, entre auroras (por suerte) lejanas y heridas que van sanando...

mentecato dijo...

Federico, gran poeta. Verde es tu alma y tu poesía verde, resplandecientemente verdes tus eternos ojos, tu traje de alas, tu sonrisa de bosques y campanas...

Verde mi corazón cuando te releo en mis noches verdes.

Verdes mis recuerdos nostálgicamente verdes.

Sin Destino dijo...

Permiteme que incluya en este comentario unos versos de José Hierro acerca de esa misma ciudad y que se me antojan más optimistas:

APUNTE DE PAISAJE

Las nubes puestas a secar al sol.
Los ciruelos condecorados por la primavera.
Abril, de manos húmedas,
acaricia la frente de los arces.
La lengua púrpura del atardecer
lame la curva de las lomas de plomo
y las convierte en carne tibia.

Todo ha sido creado
para mayor gloria del viento del oeste
que despeina las aguas del lago.
(Más allá, la ciudad, desplegadas las velas de cemento
navega hacia su olvido, noche, sueño, nunca.)

pd: Y si será en abril cuando me deje conquistar de nuevo por central park, por Times sq. y por todos los neoyorquinos. Un saludo desde mi retiro.