
las tardes de Berlín son frías y el cielo es gris
aunque , claro está , yo sólo puedo hablar
de las tardes que he visto,
de estas últimas tardes de Noviembre.
las calles de Berlín son largas avenidas
flanqueadas por árboles de hoja caduca
y por palacios neoclásicos levantados de nuevo
tras los destrozos de la guerra
o por monótonos bloques de viviendas en el este
que hoy se han diferenciado a base de capas de pintura,
de grafitis y de colores vivos.
las calles de Berlín tienen un tráfico fluido
y gente que camina o que va en bicicleta
( debes tener cuidado con las bicicletas en Berlín
porque están por todos lados y no te las esperas).
las bicicletas de Berlín quedan muchas veces sueltas
sin cadenas ni candados.
la gente de Berlín parece no tener prisa,
es amable y sonríe y habla a los desconocidos.
lástima no entenderlos
la gente de Berlín habla en voz baja
y hay un silencio extraño en las calles.
hay tranvías y puestos callejeros de comida.
hay gruas y excavadoras gigantes que no descansan nunca.

hay altos edificios de acero y de cristal con cortantes aristas
donde hasta hace bien poco sólo había un páramo en la tierra de nadie.

el domingo por la tarde , justo a las cuatro,
una anciana con abrigo largo de armiño y chófer con librea
entró en el edificio de la Staatsoper para ver morir a Isolda .

al otro lado de la calle ,
en su urna acorazada,
la hermosa reina egipcia
de tez morena y labios perfilados,
deja pasar las tardes como ésta.