lunes, septiembre 21, 2009
miércoles, septiembre 02, 2009
Casa de Misericordia

El padre fusilado.
O, como dice el juez, ejecutado.
La madre, ahora, la miseria, el hambre,
la instancia que le escribe alguien a máquina:
Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal,
Solicito a Vuecencia poder dejar mis hijos
en esta Casa de Misericordia.
El frío del mañana está en la instancia.
Hospicios y orfanatos fueron duros,
pero más dura era la intemperie.
La verdadera caridad da miedo.
Igual que la poesía: un buen poema,
por más bello que sea, será cruel.
No hay nada más. La poesía es hoy
la última casa de misericordia.
Joan Margarit
martes, septiembre 01, 2009
Mientras tú existas...

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.
Poema . Angel González
Imagen : R Magritte
viernes, agosto 21, 2009
martes, agosto 18, 2009
venecia ciudad sobre las aguas
lunes, agosto 10, 2009
homenaje

NADA MÁS
y vuelvo a recordar.
En un día de marzo
te fuíste. Nada más.
Una sonrisa tuya
o un gesto. Claridad
como la de tus ojos
no he visto. Nada más.
Luego días de ira
dolor y adversidad.
Y en medio de la noche
tu estrella. Nada más.
Por su fulgor perenne
contra la eternidad
te ofrezco unas palabras
de amor. Y nada más.
José Agustin Goytisolo *(De "Final de un adiós").
Imagen : El imperio de la luz . R Magritte . Museo Guggenheim .Venecia
Música : El aire de los chopos . J.A Goytisolo/Paco Ibañez
a Alfonso Calderón . in memoriam
lunes, agosto 03, 2009
miércoles, julio 22, 2009
lunes, julio 13, 2009
verano (uno)
no devuelven mi rostro
los espejos.
Miran a mi través
los transeúntes
con expresión vacía.
No hay sonrisas ni aplausos.
Es inútil mi gesto
de saludo.
lunes, julio 06, 2009
Vicente y yo

Todavía quedan cinco horas para salir. El turno está tranquilo. Casi todos se han ido a conquistar un pedazo de arena frente al mar.
Algunos se quedaron, es verdad, porque seguro piensan que es mejor no insolarse o mancharse los piés con alquitrán.
La puerta del hospital es un lugar fresco y tranquilo en estos días y uno siempre puede decir que siente un bocado como de perro chico en lo profundo del pecho o que sufre de cólico por atracón de calamares o altramuces o caracoles o estrellas de mar.
Las tapas son pésimas en ese bar de enfrente y los últimos clientes son siempre bienvenidos aquí.
Quedan cuatro horas para salir y la calle arderá todavía. Le llaman flama a ese vaho que despide el asfalto y que puede durar toda la noche y llegar incluso hasta el amanecer.
Preparo la cesta y el sombrero de paja. Él no habrá llegado todavía y yo tendré esta vez ventaja.
Todas las mañanas salimos a buscar. Él habrá dormido y yo no.
La sierpe avanza y se retuerce, se pega a los costados con su ruido de claxon y voces que quieren apartarnos. Nosotros nos tambaleamos con pasos oscilantes, murmuramos palabras incomprensibles y miramos adentro. ¿Dónde estás, dónde has ido?
Quema el sol de las doce. Vicente no usa gorra y se protege con una mano sobre su calva lisa. Tiene el cuerpo flaco , huesudo , bajo; los ojos brillantes, las cejas pobladas. ¿Dónde estás amor mío ?
No lo dice con palabras que se puedan entender pero es como si lo dijera. No lo dice pero todos saben que busca, que buscamos, a una mujer perdida en la memoria antigua y que el canasto vacío no es más que una coartada.
Alguna vez se fija, nos fijamos, en algún conductor que reconocemos como si se hiciera un paréntesis fugaz en el delirio, un destello de luz. ¡ don Antonio, a sus órdenes!
Y se retira, nos retiramos, para seguir buscando en el interior de otros coches que se apartan al vernos.
El turno está acabando, se acaba ya. Aullan los claxons como locos. Debo encontrarla hoy. La encontraré primero.





