
Hay pájaros que habitan la memoria
y vuelven siempre ,a su modo obsesivo.
Muchos años después pudo verse a sí mismo levantarse temprano en la mañana. Esa noche había soñado que lo soñaban. Decidido, se aproximó al balcón. Descorrió las cortinas y abrió de par en par las gruesas contraventanas de madera. Al instante le cegó la luz. Un momento después fué sintiendo el aire frío en la cara y el calor tibio en la punta de los dedos. Empezó a distinguir la presencia de otros, el bullicio y la vida que subían de la calle. Se asomó sin dudarlo. Por última vez pudo mirar y asombrase, pudo ver y ser visto.
Imagen : Magritte








